lunes, 24 de febrero de 2014

Luis Eduardo Aute - Sin Tu Latido (letra en español)

Bien sabéis que las verdaderas dueñas de este blog son las chicas Bristol que hacen y deshacen a su antojo cualquier posible política editorial que pudiéramos tener. El pasado viernes acudieron a un concierto de cantautores en el que actuaron el pelos (esta, esta y esta entradas), el palestino (esta entrada), el gran Ismael Serrano (esta, esta y esta entradas), y uno de los más grandes como es Luis Eduardo Aute. Ellas me han estado “sugiriendo” lo oportuno que sería solucionar su ausencia en nuestra bitácora, lo cual cumplo como esclavo fiel que tan sólo se permite la rebeldía de publicar una que no me han sugerido.

Nace en Manila el que es uno de los artistas españoles más polifacéticos que conozco. Regresa a España a los ocho años y empieza su carrera como cantante y músico. Al mismo tiempo comienza a componer poemas, a hacer cortos de cine caseros y a pintar. Será esta última actividad la que le empezará a proporcionar reconocimiento y premios. Tras abandonar la carrera de arquitectura marcha a París donde se sumerge en todos los movimientos artísticos y sociales que están en eclosión en esos primeros 60. A su vuelta a Madrid logra vender cuadros a marchantes de arte de EE.UU. y Europa haciéndose un nombre y permitiéndole vivir de su arte. Compone canciones para Massiel y su Rosas En El Mar se convierte en un éxito arrollador. Decide lanzar él mismo el tema Aleluya Nº1 que será traducido a varios idiomas y le da talla de intérprete internacional, pero decide abandonar la música ante la presión de la industria para que se haga más comercial. Compone para Rosa León, hace guiones, diseña portadas de discos, uno de sus poemas hace que cierren una revista, vamos que no para. En 1975 publica Al Alba, uno de los mayores alegatos contra la pena de muerte disfrazado de canción de desamor para evitar la censura. Los años siguientes aprovecha la libertad para implicarse en numerosos proyectos musicales, cinematográficos y artísticos, destacando los conciertos que realiza en 1993 con Silvio Rodríguez y recogidos en el disco Mano A Mano. Y es tal su producción que esta entrada es demasiado corta para glosar todo lo que ha hecho hasta hoy, así que si queréis saber más bucead en la red y os sorprenderéis de su variedad.

Es la historia de una separación donde él la anhela día y noche. No reniega del amor por mucho que duela el fracaso, porque entiende que ni el bien ni el mal duran cien años, tan sólo quiere que sepa lo absurdo de estar vivo sin ella a su lado, y que ya que no tiene su afecto al menos le deje su desprecio para verla y saber de ella.

  

La música es bastante típica de los cantautores de los ochenta, que intentan librarse de la guitarra española y la intimidad, para dotarla de más fuerza con medios electrónicos. Así arranca con una guitarra eléctrica y aguda, apoyada por la batería y el bajo como elementos rítmicos. La entrada del cantante hace que todo se suavice un poco y que le acompañe el piano. En el estribillo se le une primero un órgano hammond y en el segundo una segunda voz femenina para hacerle los coros.

© Luis Eduardo Aute y Ariola

Letra Original:
Hay algunos que dicen
que todos los caminos conducen a Roma
y es verdad porque el mío
me lleva cada noche al hueco que te nombra
y le hablo y le suelto
una sonrisa, una blasfemia y dos derrotas;
luego apago tus ojos
y duermo con tu nombre besando mi boca.

Ay, amor mío,
qué terriblemente absurdo
es estar vivo
sin el alma de tu cuerpo,
sin tu latido.

Que el final de esta historia,
enésima autobiografía de un fracaso,
no te sirva de ejemplo,
hay quien afirma que el amor es un milagro
que no hay mal que no cure
pero tampoco bien que le dure cien años;
eso casi lo salva,
lo malo son las noches que mojan mi mano.

Ay, amor mío,
qué terriblemente absurdo
es estar vivo
sin el alma de tu cuerpo,
sin tu latido,
sin tu latido.

Aunque todo ya es nada,
no sé por qué te escondes y huyes de mi encuentro.
Por saber de tu vida
no creo que vulnere ningún mandamiento;
tan terrible es el odio
que ni te atreves a mostrarme tu desprecio,
pero no me hagas caso,
lo que me pasa es que este mundo no lo entiendo.

Ay, amor mío,
qué terriblemente absurdo
es estar vivo
sin el alma de tu cuerpo,
sin tu latido,
sin tu latido.

Ay, amor mío,
qué terriblemente absurdo
es estar vivo
sin el alma de tu cuerpo,
sin tu latido,
sin tu latido.
















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